Por Mariel Retegui
Neuquén > Hace 16 años se vino de Buenos Aires a la Patagonia (El Bolsón) porque estaba saturado de la construcción como medio de vida. Pero un capricho del destino hizo que se encuentre en la actualidad brindando capacitaciones y talleres sobre los beneficios de la construcción no ya industrializada, sino de tipo natural.
“Somos parte de la tierra. Al meter las manos en el barro recuperamos esa memoria genética”, suelta Jorge Belanko en la última visita que realizó hace un par de semanas a Neuquén, con motivo de levantar los cimientos de lo que será la Escuela Popular de Arte y Comunicación para los chicos de la Fundación Tribu Salvaje.
Es un referente nacional en materia de construcciones naturales, como se la suele denominar, porque no se hace sólo con barro sino también con otros elementos, como fibras, guano de animales, harinas, aceites, jugos de plantas, cañas, maderas y algunos materiales reciclados.
Por sus conocimientos y su capacidad docente es convocado constantemente desde diferentes provincias y paÃses, como México, Ecuador, Chile y Uruguay, entre otros.
Belanko tiene la voz grave, mide algo más de 1,90 y corona su cabeza con un sombrero de paja de ala ancha para cubrirse del sol. Cuenta que su padre era albañil y que, aunque querÃa que su hijo fuera mecánico o algo parecido, él estudió para maestro mayor de obra. Empezó a acompañar a su padre al trabajo cuando tenÃa unos 8 o 9 años, a pedido de su madre, porque se peleaba con sus hermanas.
Creció en ese ámbito, y solÃa escuchar a su padre hablar de las construcciones de tierra que se hacÃan en Europa. En una oportunidad le preguntó a un arquitecto, que era su profesor de dibujo, por qué no estudiaban nada relacionado con ese tipo de construcciones, y recuerda que le respondió que no perdiera tiempo en eso, porque ahora habÃa materiales mucho más modernos.
Dice que le creyó y que, pasado el tiempo, fue invitado por unos amigos a Chile. Se encontró con que en varios lugares se investigaba sobre las construcciones naturales, y para cuando regresó a su casa ya se habÃa puesto a experimentar.
“Para zafar de la construcción industrializada no sólo me mudé de Buenos Aires a El Bolsón, sino que me dediqué a hacer cucharitas de madera, pan casero o facturas que vendÃa en la feria. Sin embargo, cuando vi este tipo de construcción me di cuenta de que era lo mÃo”, evoca mientras moldea con sus manos una construcción circular en el barrio Bardas Soleadas.
Le empezó a contar a sus vecinos que habÃa otra manera de levantar una casa, que no era nueva, pero sà beneficiosa. Fue experimentando hasta que a un amigo se le ocurrió la posibilidad de que le ampliara la casa, y ese fue su primer trabajo. Después hizo una serie de obras, al tiempo que le tomó el gusto a la docencia e impartió clases sobre la materia en varias escuelas.
Siente que algunos tienen la responsabilidad de divulgar y capacitar sobre este tipo de construcción natural que toma elementos de la naturaleza.
Dice que para desterrar el prejuicio de que una casa de barro es propensa a llenarse de vinchucas es necesario el conocimiento. “Todo depende de la información. Nadie hace publicidad para algo que lo puede conseguir gratis. Descubrà en sà que uno, al comunicar esto, de alguna manera entrega libertad: la libertad de optar por construir su propia casa. Esto invita a la autoconstrucción”, destaca Belanko.
Enumera los beneficios que tiene en cuanto a la salud, porque, al regular la temperatura ambiente y la humedad del ambiente, hay menos problemas reumáticos, menos problemas bronquiales y menos electricidad estática interna.
“Nosotros somos tierra, pertenecemos a la tierra, la tierra nos da todo y además estamos mimetizados con ella desde hace miles de años. Hoy, hacer la construcción con materiales industrializados es elitista”, reflexiona.
Cuenta que en El Bolsón quien más bregó para que se aprobara y se pudiera construir con tierra cruda fue el dueño de un corralón de materiales. Que a esa persona le reconfortaba pensar en que una familia pudiera recuperar la esperanza de tener su propia casa, de ponerse a construir los fines de semana y, de última, el que debÃa estar preocupado era el dueño del casino, porque entendÃa que, si hay más cantidad de personas que construyen su casa con tierra, él iba a vender más instalaciones sanitarias, eléctricas, más aberturas, maderas, o chapas. Como el cemento y el hierro no le significan más que algunas monedas, entiende que es una tonterÃa ponerse en contra de las construcciones naturales.
Para Belanko, el acceso a la tierra es prioritario. “El hombre tiene derecho a tener un pedazo de tierra. No puede ser que haya seres que nacieron en este planeta al igual que otros y que tengan miles de hectáreas inutilizadas y que haya personas que no tengan acceso a un pedacito de tierra. Nuestra esperanza es que esto algún dÃa se modifique”, añade con su voz pausada.
También sabe que es una realidad que hay pocas personas capaces de hacer construcciones naturales, a pesar de la demanda. Por eso aboga por la información, e incluso piensa que deberÃa haber programas en radio o en televisión donde se puedan enseñar cuestiones básicas.
“Les recomiendo que vean, que traten de informarse un poco. Si no pueden tomar algún taller, quizás puedan acercarse a las reuniones de trabajo que llamamos ‘mingas’, donde se aprende muchÃsimo”, asegura.
Y concluye: “Dejemos de creer que en Internet está todo: lo más importante es la relación directa con las personas. Ahà se aprende. Todos se van a identificar con el aprendiz, porque todos estuvimos en su lugar y tienden a ayudarse unos a otros. Las soluciones, cuando el ser humano se relaciona, aparecen siempre”.
Techos verdes
Jorge Belanko, especialista en construcciones naturales, comenta que en algunas ciudades de Alemania (como Kassel o BerlÃn) se les obliga al uso de techos verdes vivos en las nuevas edificaciones, y en el caso de las más antiguas se les provee de materiales y se les exige que lo adapten en un determinado plazo.
De hecho, Stuttgart fue una de las primeras en otorgar beneficios fiscales a cambio de la implantación de los techos verdes.
“Eso se propuso porque los desagües empiezan a colapsar en la medida que aumenta la construcción de cemento, hay más asfalto y menos superficie absorbente. En cambio, el techo verde al tener mucha vegetación, tiene una superficie acumulable de humedad y para cuando se satura y comienza a desagotarse hay tiempo para que no colapsen los desagües”, explica.
Además -añade- por la evaporación que se produce naturalmente, nunca cae la misma cantidad de agua que llueve a los desagües.
La Mañana de Neuquen
Powered by 123ContactForm | Report abuse

Nuestra Redes