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       Con un inusual retraso, la flota ballenera japonesa inició su temporada de caza en la Antártida, la que habitualmente se extiende hasta el mes de abril.  Mariano Van Gendeler, señalaba ayer desde Puerto Pirámides, que este retraso es consecuencia de la presión y la desaprobación que en la opinión publica internacional se registra como consecuencia de esta depredadora actividad de los armadores japoneses, los que bajo una pretendida caza con fines científicos, disfrazan una lucrativa actividad que ahora estaría en retroceso.
     A lo señalado debe sumarse que ya un 70% de la población japonesa, también está en contra de estas cacerías. Agregó Van Gendeler que la escasa demanda de carne de ballena, que se está registrando en la actualidad, sería el principal motivo de este retraso a los que debe sumarse las dificultades que esta depredadora flota tiene para conseguir buques cisterna y frigoríficos.
Se estima que en la actualidad los frigoríficos japoneses tienen almacenados seis millones de kilos de carne de ballena esperando ser vendidos. Mariano Van Gendeler en 1973 se convirtió en el primer avistador de ballenas con fines turísticos del Hemisferio Sur.
En 1958 desde las costas de California, frente a cabo San Diego por primera vez se hizo un avistaje de ballenas francas del norte con catalejos especiales y en el mismo lugar en 1960 se realizó el primer avistaje por navegación con fines turísticos.
En 1971 fueron los canadienses en la desembocadura del Río San Lorenzo, los que protagonizaron la segunda experiencia en avistajes marinos.
En 1973 Mariano Van Gendeler colocó a la Argentina, desde Puerto Pirámides en Chubut, como tercer país en el mundo que, con fines turísticos, le dió un uso no letal al recurso ballena.